miércoles, 9 de noviembre de 2011

Vamos Maikel



Desde niña me ha encantado correr. Para mí correr siempre ha sido sinónimo de libertad. Entiendo perfectamente a Forrest Gump atravesando el país, de costa a costa, corriendo continuamente a lo largo de 3 años, 2 meses, 14 días, y 16 horas. Quizá algún día pueda llegar a correr un maratón. Seguramente podría hacerlo si no me abandonase la constancia que se necesita para entrenar a diario. Estos días he leído, en internet,  la historia de un chico que con una enfermedad, que debilita sus músculos y le impide moverse con normalidad, ha corrido el maratón de Nueva York. Ha tardado más de quince horas pero ha acabado. Todo un ejemplo.

Maickel Melamed nació  el 27 de abril de 1975. Después de un parto complicado fue diagnosticado con “retraso motor”.  Pero su karma, destino o suerte no permitieron que se convirtiese en una
persona inválida sino en una persona que ha luchado siempre por superarse. 

Desde el año 2009 Melamed había intentado participar en el maratón de Nueva Jork, para probar que a base de esfuerzo, nada es imposible, incluso para una personas con discapacidades físicas. Este año, por fin, le han permitido participar.




—¿Mamá que pasa? Mamá no entiendo.


En muy breves palabras, lo más potables para mi floreciente raciocinio, ella me explicó la conversación con la junta médica. Me dijo que, después de muchos años de ejercicios y de tanto esfuerzo, los análisis de las tendencias indicaban que, a pesar de haber detenido la fase degenerativa, no podía mejorar mucho mas y, por supuesto, nunca llegaría a "ser normal"


Ante esas frases, de pronto sentí un devastador terremoto bajo mis pies, literalmente se abría la tierra para tragarse consigo todo lo que para mi era importante. Y comencé a llorar, como nunca creí que se podía llorar, el dolor me desvanecía en gotas saladas, como regando aquel infierno a ver si lograba apagarlo. Lloré y lloré, por minutos, por horas quizás, ya el tiempo no era importante. Hiciera lo que hiciera sabía que ni mañana, ni nunca las cosas iban a cambiar.


Solo después de mucho rato, después de velarme a mí mismo, aquel niño paró instantáneamente de llorar. La corriente se secó y su mirada húmeda cambiaba para posiblemente tomar la primera decisión autónoma y contundente de su vida.


Fuerte y seco le dije a mi madre:


— ¡Vámonos mama, vámonos!


Y ella comprensiva y cariñosa me tomó del brazo para salir de ese lugar.


Ya el sol caía y ni el heladero de la esquina, quien se quedaba extrañando que su amiguito de los jueves le pidiera una merengada y jugara con él, tenia sentido para mí, ya no. Ese jueves fue el último día que pise aquel juzgado. Ese jueves fue el último día que ejercité mi cuerpo, que a partir de ese momento quedó totalmente inexistente.


La oscuridad lo cubrió todo...


Por mucho tiempo me dediqué a triunfar sólo intelectualmente pero en cuanto a mi físico permanecía en abandono, lo que afectaba mi salud, bienestar, relaciones y, por si fuera poco, quedando sin más del 80% de mis posibilidades subutilizadas, por colocarle una cifra.


Tuvo que pasar 17 años para tomar otro rumbo. Ya autónomo, darme ciertas licencias y mirar atónito como mi cuerpo reaccionaba positivamente ante algunos desafíos, disfrutando de ellos no importando el resultado. Ya había descubierto que ser "normal" no era un anhelo, sino la peor trampa. El dolor, dio paso a la curiosidad y la curiosidad dio paso a la ilusión. Al final, la ilusión bien llevada dio paso al éxito, que hoy vivo y comparto.


Se iniciaron caminos donde arrostrar la negativa y los diagnósticos previos han sido el quehacer diario. Hemos logrado cambios y mejorías desde lo cotidiano hasta en las actividades más extraordinarias e inconcebibles. Desde subir un simple escalón de forma independiente o bailar toda la noche, hasta tirarme en paracaídas, en parapente, hacer excursiones, buceo, surfing, carreras y, por supuesto, llegar a la cumbre de la montaña mas alta de mi país: el pico Bolívar (5007 mts), y ahora en camino al maratón de Nueva York.


Intento tras intento siempre frente a un NO. Continuamente frente la historia negadora de lo nuevo, aceptando su papel como parte del camino, pero dándole prioridad al sueño de turno.


Aventurándome siempre al limite para probarme hasta donde verdaderamente soy capaz de llegar, sin que nadie mas que la experiencia me oriente hacia mi horizonte, mi frontera.

Así es. "El día más oscuro de la historia", mi historia o la tuya, es trágico, terrible y devastador. Es el día que dejas de escucharte, de reconocerte en tu propia sabiduría interna. El día en que dejas que otros fijen por ti tus expectativas, tus deseos de ti mismo y, por tanto, tus acciones. Es el día que te niegas en tu genio, tu plena potencialidad.

http://www.maickelmelamed.com







Maickel Melamed terminó la carrera a las 11:50 pm, 15 horas y 22 minutos después de comenzar.
         Vía http://lightbox.time.com

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